CONVIVENCIA Y OCIO

Cuando en el año 2003 la Junta de Extremadura publica la Ley de la convivencia y el ocio de Extremadura, conocida popularmente como  del botellón, trataba básicamente de dar solución a dos graves problemas:  por un lado establecer mecanismos de prevención del consumo abusivo de bebidas alcohólicas por parte de los jóvenes,  y por otro evitar las alteraciones de la convivencia, derivadas de ese molesto fenómeno juvenil de finales del siglo XX, consistente en reuniones masivas de jóvenes,  en pleno casco urbano de nuestras  principales ciudades.

Si analizamos con un poco de objetividad, habremos de reconocer que la publicación de dicha Ley, sirvió de base a los ayuntamientos, muy presionados por el movimiento vecinal, debido a sus justas quejas por la suciedad, los malos olores y los ruidos, para alejar a los jóvenes de los lugares donde más molestias causaban. Otra cosa distinta, sería poder constatar si se ha cumplido o no, con el objetivo de reducir el abusivo consumo de alcohol por parte de los jóvenes. Para poder verificar ese extremo, se constituyó el “Consejo” recogido en el artículo 7º de la Ley.

Lo que los ciudadanos vemos durante el fin de semana en muchas de nuestras ciudades, es el impresionante negocio que ha surgido en torno al botellón, con la venta de bebidas alcohólicas; la presencia de menores de edad en estas multitudinarias reuniones, hecho absolutamente legal; así como algún que otro acto de gamberrismo que se produce en sus proximidades. Frente a esta situación, hay que reclamar el compromiso social de todos. De una parte, es imprescindible que las familias cumplamos con nuestros deberes, y ejerzamos el debido control sobre los horarios y actividades lúdicas de nuestros hijos. Por otra parte, los responsables políticos deben completar la gran cantidad de medidas contenidas en el espítitu y la letra de la ley para, entre otras cosas, garantizar la seguridad y el derecho al ocio de nuestros jóvenes. Se hace necesario un mayor control en la compra y consumo de alcohol por parte de los menores de edad, controles de alcoholemia y drogas en la proximidad de los botellones, para así reducir los riesgos de accidentes de tráfico, habilitar adecuadamente los espacios establecidos por los ayuntamientos para el ocio de los jóvenes, vigilancia permanente que garantice su seguridad en caso de altercados, más campañas formativas e informativas sobre los efectos nocivos del consumo abusivo de bebidas alcohólicas, promover programas alternativos de ocio juvenil y ante todo, propiciar una imagen positiva de los jóvenes, huyendo de estereotipos que pretenden criminalizan a toda nuestra juventud. Conozco gran cantidad de jóvenes que asisten al botellón, y en absoluto consumen alcohol ni tienen comportamientos contrarios a la convivencia.

Es indudable que nuestros jóvenes de hoy, los de ayer y mañana, demandan lugares donde divertirse y disfrutar de la vida, además de necesitar espacios donde poder desplegar todas sus potencialidades de socialización, creatividad y desarrollo de su personalidad. El botellón, viciado por el alto consumo de alcohol por un sector de quienes asisten, cumple en gran medida las espectativas de algunos, pero es que en ocasiones, es la única alternativa que se les ofrece al conjunto de los jóvenes. A día de hoy, son pocos los ayuntamientos extremeños que se han atrevido a imaginar Centros de Ocio u otro tipo de lugares lúdicos, alternativos al ya clásico botellón. Por el contrario, cuando en una localidad como Navalmoral de la Mata, faltan ideas a sus políticos, cuando hay ausencia de diálogo con los jóvenes, cuando existe un absoluto vacio en políticas de juventud, asociacionismo juvenil y participación ciudadana, el máximo responsable municipal no encuentra otra solución que pasar directamente al procedimiento represivo. Y así un buen día, decide mandar a la cuadrilla de albañiles que tapie la cerca, que previamente él mismo había establecido para que los jóvenes se reuniesen a beber. Para completar tan imaginativa actuación, despliega durante toda la noche del sábado a la policía local, con el único objetivo de perseguir jóvenes que pretendan reunirse en grupos de más de dos, en torno a una bolsa de plástico que pudiese contener alcohol.

Hay quien apunta que esta Ley, como suele suceder con demasiada frecuencia, carecía de una memoria económica que permitiese, tanto a la Junta como a los Ayuntamientos, afrontar con garantías los ambiciosos objetivos que se planteaba. Pero esa no puede convertirse en la excusa fácil de algunos alcaldes, para así no realizar políticas de juventud en su localidad. Existen sin duda grandes posibilidades de negociación política, a través de foros como la Asamblea de Extremadura, la FEMPEX, el diálogo entre partidos o la relación bilateral de los ayuntamientos con la Junta. Quizás así se podrían buscar y ofertar alternativas de ocio juvenil, que vayan mucho más allá del socorrido botellón.

Rafael Delgado. Presidente FREAPA-CP.
El Periódico Extremadura 16-enero-2008

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