Uniformes escolares en la escuela pública, una tendencia en aumento.

Debate.

“Si bien el costo inicial es más alto que el de la ropa de calle, se amortiza a lo largo de los meses porque evita el deterioro de otras prendas”

“Creo que son un gasto útil, que resultan muy prácticos y también sirven para anular diferencias”

Aunque la compra del uniforme supone un primer desembolso fuerte, dicen que es menos que lo que se suele gastar en vestir al alumno durante todo el curso escolar.

Práctico al despejar la rutina matutina de disputas, berrinches y preocupaciones estéticas.

Quienes están a favor hablan de ahorro, eliminación de diferencias y practicidad

Sus detractores, del alto coste de los uniformes, sexismo y respeto a la individualidad.

Lainformación.com – Laura Pintos – 16-09-11

 

El debate en torno a las ventajas e inconvenientes de usar uniforme en los centros de enseñanza públicos ha recobrado fuerzas con la entrada en vigor de esta alternativa en Cataluña. Quienes están a favor hablan de ahorro, eliminación de diferencias y practicidad. Sus detractores, del alto coste de los uniformes, sexismo y respeto a la individualidad.

 

Carmen está contenta: se acabó lo de tener que pensar cada mañana qué ponerle a Laia para ir al colegio, las discusiones con la niña por la ropa y sus quejas por no llevar las zapatillas de marca que tienen sus compañeras. Fernando, en cambio, considera que el precio de los uniformes es excesivo y no quiere que Paula deje de ponerse sus camisetas favoritas y sus vaqueros para ir a clase.


Las dos pequeñas asisten, cada una vestida a su manera, a un colegio público que en este curso escolar ha decidido instaurar el uso optativo de uniforme, tendencia que gana adeptos pese a la resistencia de muchos padres que consideran que puede que borre diferencias socioeconómicas pero también anula individualidades y no constituye un ahorro genuino.


El debate ha ganado fuerza este año con la decisión de la Generalitat de Cataluña de otorgar a los Consejos Escolares, al igual que ya lo hacían otras comunidades, la potestad de reimplantar el uso de vestimenta reglada en los centros de enseñanza públicos, camino que han estrenado hace unos días los niños del Màrius Torres de l’Hospitalet de Llobregat.


La consellera de Enseñanza de la Generalitat, Irene Rigau, argumentó la medida en que el uniforme favorece el sentimiento de pertenencia a la escuela y mejora el clima de convivencia entre los alumnos al anular las diferencias de clase y estatus que la ropa de calle suele dejar en evidencia.


Quienes están a favor también hablan del factor económico. Aunque la compra del uniforme supone un primer desembolso fuerte, dicen que es menos que lo que se suele gastar en vestir al alumno durante todo el curso escolar. Y también apuntan a la practicidad que encierran al despejar la rutina matutina de disputas, berrinches y preocupaciones estéticas.


Para muchas familias estas razones son palpables. Joaquina Dueñas, madre de un niño de primaria, cuenta que pasarse al uniforme fue una buena decisión. “Mi hijo comenzó el colegio con ropa de calle. Tras el primer curso decidí ponerle uniforme porque es cómodo y evitamos discusiones mañaneras. En su centro escolar es optativo y los que lo llevan son minoría, por lo que me preocupaba que se sintiera mal, pero hemos comprobado que no le supone ningún complejo y para mí es todo mucho más sencillo”, relata.


Y cuenta que también pesó el bolsillo: “Me resulta más barato aunque sea un desembolso importante al realizarse todo de una vez y además en un mes tan complicado como septiembre. Pero tiene otra ventaja y es que puede pasar de los mayores a los pequeños sin que apenas se note”.


Vanessa Feldman, madre de una niña de cuatro años, coincide en la ventaja económica de la vestimenta escolar reglada. “Si bien el costo inicial es más alto que el de la ropa de calle, se amortiza a lo largo de los meses porque evita el deterioro de otras prendas”, apunta. “Creo que son un gasto útil, que resultan muy prácticos y también sirven para anular diferencias”, añade.


Mariana Alvarez, cuya hija va a la guardería, también valora la practicidad del uniforme (“me evito pensar qué le pongo cada mañana y ver qué combina con qué”) y la anulación de diferencias en la clase, pero discrepa en cuanto al supuesto ahorro. “No me parecen más baratos que la ropa de calle –sostiene- porque yo busco precios y no compro ropa de marca y los uniformes son carísimos”.


A la polémica en torno al precio, exacerbado según denuncian algunos padres porque muchos uniformes han pasado de venderse en pequeñas tiendas de barrio a únicamente en grandes superficies, se suma la que genera su posible efecto restrictivo sobre la personalidad de cada alumno a juicio de expertos.


Es el caso del decano de la Facultad de Educación de la UNED, el catedrático de Teoría de la Educación y Pedagogía Social Lorenzo García Aretio, quien si bien está de acuerdo con que constituyen un ahorro, también cree “coartan la capacidad de autonomía del alumno”, pues a través de la ropa “los jóvenes desarrollan su individualidad”. “Un elemento para educar es también el respeto a lo diferente”, advierte el catedrático, quien recuerda que “vestimos diferente porque somos diferentes”.

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